La forma de abordar las adicciones está cambiando. En los últimos años, la perspectiva de género ha ido ganando terreno en un ámbito tradicionalmente centrado en la conducta individual, incorporando nuevas preguntas sobre el papel que juegan los modelos de masculinidad en la aparición y mantenimiento de determinados comportamientos.
Ese desplazamiento del foco —del síntoma a sus condicionantes culturales— centró parte del debate en el Congreso de UNAD, celebrado en Murcia, donde profesionales de la intervención social compartieron enfoques y experiencias. Entre ellos, la aportación de Carolina de Mingo, representante de Patim, incidió en la necesidad de revisar los marcos desde los que se interviene.
“Debemos profundizar en el modelo de masculinidad que sostiene la conducta problemática”, afirmó. Su planteamiento cuestiona las estrategias centradas exclusivamente en el consumo o la violencia, al considerar que, sin un trabajo específico sobre los aprendizajes sociales y emocionales que configuran la identidad masculina, los procesos de cambio resultan frágiles.
De Mingo apuntó a que muchos hombres han sido socializados en patrones que dificultan la gestión del malestar o la expresión emocional, lo que puede derivar en respuestas como el consumo de sustancias o conductas violentas. “Si no se trabaja esa base, los cambios suelen ser superficiales o poco estables”, advirtió. Frente a ello, defendió intervenciones que incorporen herramientas para repensar los vínculos, la frustración y la propia idea de fortaleza.
Su intervención, enmarcada en la mesa “Intervención con hombres desde la perspectiva de género”, subrayó también los límites de aplicar esta perspectiva de forma aislada. En la práctica, explicó, resulta imprescindible integrar una mirada interseccional que tenga en cuenta variables como la orientación sexual, capaces de configurar contextos relacionales específicos, con normas y presiones propias.
En este sentido, hizo referencia a fenómenos como el chemsex, donde el consumo de sustancias se entrelaza con la sexualidad y la búsqueda de pertenencia. Lejos de interpretaciones simplistas, defendió la necesidad de comprender los significados que adquieren el deseo, la conexión o la validación en estos entornos. “No se trata de patologizar la orientación sexual, sino de entender esos significados para poder ajustar la intervención”, señaló.

